Comenzamos un nuevo día después de un buen descanso, a pesar de haber dormido 15 minutos menos (o 45 minutos en el caso de Madre María, Alma e Isabel), para evitar ir con prisas a altas horas de la mañana. Desayunamos y nos vamos de camino a misa.
Hoy le tocaba leer la lectura del día a Olalla. Después de varios gritos del cura, se dio cuenta de que el micrófono no estaba encendido y tuvo que empezar varias veces. Al terminar la misa, cargamos la pick-up con las cosas necesarias para el día: la guitarra, la petanca, los panecillos y los exámenes de Mateo (porque ayer varias alumnas le pidieron realizar un examen hoy, y ha sido todo un éxito).
Con una buena canción ponemos rumbo al colegio. Al llegar, los pequeños nos reciben con mucho cariño, abrazos, risas y alguna que otra carta de amor. Repasamos las canciones que nos tienen tarareando todo el día y nos preparamos para empezar la mañana de la mejor manera.
Hoy ha habido cambios, ya que Alma ha pasado a ser la profe de los más pequeños, lo que ha implicado que Mateo esté con 5º y 6º juntos. Los juegos gustan cada vez más, aunque se cansan antes por tanta emoción.
Por la tarde volvemos a Ekunay. Nos hemos repartido las actividades: Yajaira, con los más mayores, jugando al voleyball; Alma, con las mamás, hablando de higiene y limpieza de heridas, lo cual ha sido un acierto, ya que nos ha permitido conocer mejor a todas ellas y sus necesidades; Isabel, con los medianos, saltando la cuerda y cantando canciones para sincronizar los saltos y ritmos; Mateo, en el fútbol un día más (ya es tradición); y Olalla, con los más pequeños, jugando a los bolos con botellas, aunque la actividad terminó convirtiéndose en un emocionante partido de fútbol.
Repartimos la merienda y nos despedimos hasta mañana. Volvemos a casa y, con estas tres palabras, termina el día de hoy: duchas, cena y oración.









