Todo llega en esta vida y también ha llegado nuestro día de inicio del proyecto misionero de Evinayong. Los de lejanías, ya llegaron a Madrid el día antes. Los de cercanías podían venir por la mañana para organizar entre todos las maletas. Andrea, alias la buena hermana, eligió venir desde Galicia también por la mañana. Gracias a eso y a la maravillosa red ferroviaria española, hemos tenido la primera aventura del proyecto: un tren descarrilado, un retraso de dos horas, un regreso a Vigo, y un tener que coger el avión para llegar a Madrid a tiempo para nuestro vuelo. Así que nuestra organización de maletas ha concluido en el mismo aeropuerto poco antes de embarcar.
Este año no nos ha quedado más remedio que viajar con Royal Air Marroc, de ingrata memoria para la ONG porque ya hemos tenido experiencias previas de pérdidas de maletas. Pero toca confiar, aunque no ayudan a ello las… ¿controladoras de embarque?, que nos dicen que el avión está lleno y es difícil que entren las maletas. ¡Pues qué maravilla! Así que, cuando ya estamos instalados en el avión y vemos que van entrando algunas de nuestras maletas, respiramos un poco más tranquilos. Bárbara, por si acaso, nos había dado una cinta de la Virgen del Pilar a cada uno, que colocamos en las maletas de cabina pidiendo que se reencontraran en breve con sus hermanas mayores facturadas.
Tras un breve trayecto, pero lo suficientemente largo para echar de menos el aire acondicionado, llegamos al aeropuerto de Casablanca, donde recibimos la buena noticia de que España pasa a octavos tras ganar 3-0 a Austria. Os avisamos que éste es un grupo de misioneros futboleros.
La conexión en Casablanca, también breve, aprovechada para recargar baterías, y tras una noche corta o siesta larga, según se quiera mirar, llegamos a Malabo a las 4:30 de la mañana.
Llega el momento de la verdad… ¿Estarán nuestras maletas? Pues, ¡pasma’os cielos, que la recogida fue de récord! ¡Antes de que el último del grupo terminara de pasar el control de pasaportes, los primeros ya habían recogido todas las maletas! Ver para creer: en 10 minutos, listos para salir a la terminal y esperar a que saliera nuestro vuelo a Bata…¡10 horas más tarde!
Estábamos “misioneramente” listos para aguantar sin una queja la larga espera, pero, siendo de la Fundación Siempre Adelante, no nos podemos olvidar de la segunda parte: Dios proveerá. ¡Y vaya si lo ha hecho! Nuestro ángel de la guarda, el P. Emiliano, guineano párroco de Cabra, había acordado con el P. Félix, de la diócesis de Malabo, que vinieran a buscarnos al aeropuerto para llevarnos a visitar la ciudad. Poco después de iniciar lo que pensábamos que iba a ser una larguísima espera, llegó Miguel, nuestro chófer y guía en la ciudad. En la pick-up tenían que caber todas nuestras maletas y, por supuesto, todos nosotros. Conductor y 4 asientos más… pero, aquí, donde caben cuatro, caben ocho el doble de apretados. La que más disfrutó el viaje, Bárbara, sin duda, pero no podemos explicar por qué, que este blog tiene que ser apto para todas las edades.
Nuestra primera parada, el seminario de Nuestra Señora del Pilar (sí, sí; la de la cinta!) de Banapa, derechitos a la iglesia donde el P. Félix estaba celebrando la misa. Antes de terminar, nos dio la bienvenida en nombre de toda la asamblea, e invitó a Marisol, hija predilecta de Guinea, a acercarse para dirigir unas palabras a los parroquianos.
Después de misa, una salita de espera para estar tranquilos, unos más que otros. Mientras unos visitaban el séptimo cielo, otros se fueron en plan Dora Exploradora por las instalaciones y se encontraron con el estudio de Radio María Guinea. ¿Y sabéis lo que pasó? Que los voluntarios de la Fundación Siempre Adelante se marcaron un directo en la emisión de la mañana. Entrevista radiofónica; a eso se le llama aprovechar las oportunidades, sí Señor.
Después de nuestra experiencia en las ondas, Miguel nos buscó un lugar para desayunar, porque había que llenar el buche para poder tomar el Malarone, y, de allí, camino a la catedral de Malabo, donde el P. José Luis, responsable de Turismo de la diócesis, guio nuestra visita. En la catedral pudimos ver una réplica de la imagen de la Virgen de Bizila, Patrona de la Diócesis, que fue la imagen ante la que oró el Papa León XIV en su reciente visita al país. Por cierto, toda la ciudad está todavía forrada con los carteles de la visita.
De la Catedral al puerto, del puerto, al paseo marítimo, con las preceptivas fotos en el I ❤ Guinea, del paseo marítimo, al estadio de Malabo donde estuvo el Papa y del estadio de vuelta al seminario. Una ruta entretenida… y pasada por agua. Para evitar los apretones del primer viaje, algunos de los intrépidos voluntarios prefirieron estar en la parte de atrás de la pick-up, donde pudieron disfrutar de una ducha de lluvia tropical. ¡Quién nos iba a decir que el secador de Christian iba a ser tan útil desde el comienzo del viaje!
El regreso al aeropuerto lo hicimos cómodamente instalados en dos coches, con el P. Félix y Miguel. Otra vez a facturar y a esperar nuestro vuelo a Bata, después de una mañana de lo más entretenida. ¡En Siempre Adelante, Dios provee!
Paseito aéreo y llegamos a Bata, donde ya nos estaban esperando la Hna. Wivine, de la comunidad de Evinayong, y la Hna. Emilie, de la comunidad de Bata. En los coches de las dos comunidades, cargamos nuestras maletas y, después, nos recargamos nosotros con los bocadillos que habían traído, que falta nos hacía.
Parte del camino a Evinayong, lo hicimos ya a oscuras, porque aquí se hace de noche ipso facto a las 7 de la tarde. Al llegar, nos reciben la Hna. Caroline y Marta, una novicia guineana, además de un grupo de chavales que ya estaban esperando la llegada de los voluntarios. Los cuerpos de estos misioneros ya no dan para mucho más. después de 24 horas de viaje, así que cenamos y a descansar, que nos espera un partido largo, pero sin olvidarnos de dar gracias a Dios por sorprendernos siempre con su Providencia.
