Hoy el día ha comenzado más tarde. Apurando la hora al máximo (ni siquiera Olalla ha visto a Yimmao antes de irnos), hemos ido a misa de 7h. M. Isabel, que ya pensaba haber recuperado la voz, ha hecho lo que ha podido con la guitarra para comenzar este sábado dedicado a la Madre de Jesús. Aun así, los demás siguen esperando con ansia que se aprenda el Cordero de Dios que Julio nos envió.
Desayuno y limpieza de la casa, han dado paso al intensivo de lavadoras, que Yajaira y Mateo han custodiado mientras Olalla limpiaba la chuluata (había sido la casita del perro durante la noche), Alma escribía el uso de cada medicina, María hacía la comida e Isabel intentaba continuar con el papeleo universitario. Tanto trajín ha dejado a dos de los misioneros derrotados y se han dormido antes y después de comer. Mientras, Yajaira, Alma e Isabel han ido de compras: un kilo de patatas, uno de cebollas, un poco de jabón, algo de pan… más de 4000 bolívares (cuando el sueldo mensual no alcanza los 500). ¿Cómo logran llegar a final de mes? No acabamos de entenderlo.
Con la vuelta ha llegado una triste noticia: Yimmao tenía nueva familia. Por la tarde iríamos a dejarlo en su nuevo hogar en una casita perdida al pie de la montaña (cerca de la comunidad de Las Piñas a la que iremos la próxima semana).
El viaje ha sido épico. Subidos en la pick-up (aunque las religiosas iban en el interior del coche) y embadurnados de repelente, hemos atravesado un vertedero improvisado. Pronto las hierbas han ido aumentando la altura, hasta superar la del “carro” (como llamamos aquí al coche). Cuando apenas se veía el camino, ha aparecido un micropuente en el que la hermana María y Mateo han tenido que bajarse y cruzar para que las ruedas del coche no se salieran. Poco después hubo que activar el 4×4 para atravesar la nueva odisea: un charco pantanoso en el que casi nos quedamos a la vuelta. Tras llevar un rato conduciendo en medio de la nada (menos mal que Yajaira conocía el camino y que José, dueño de la casa, había cortado una gran cantidad de hierbas), llegamos a nuestro destino.
Conocimos a la nueva familia de Yimmao. Nos han presentado la zona y las tierras donde siembran. Como si fuéramos los pequeños de la escuela, hemos ido en fila para no perdernos hasta la zona que están sembrando de maíz. Por el camino hemos visto guayabas, yuca de dos tipos… y un par de socavones que han acabado con alguno de nosotros en el suelo (y sí, por si alguien se lo preguntaba, está grabado). José nos ha mostrado sus habilidades con el machete y nos ha regalado un saco con maíz y yuca. También nos ha arreglado un par de cocos y ha matado a tres culebras con la misma facilidad.
Nos hemos despedido dejando al perrito con Carmen, José e Iván, no sin alguna lagrimita, y de vuelta en casa la cena ha tenido un tema de conversación que seguro tendrá una segunda parte y que muestra la confianza que va teniendo esta pequeña familia.













PD: ¡Felicidades Vegui! (¡Menos mal que era sábado y tu tía ha podido hablar contigo!)
