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¡Buen viaje!

05 de julio de 2025

¡Comienza el proyecto misionero en Guinea! Las 9 voluntarios que partimos en avanzadilla, junto con el P. Emiliano, nuestro «evinayonense» párroco de Cabra (Córdoba), – nos ponemos en «modo maleta» la tarde anterior, haciendo encaje de bolillos para meter todo el material posible sin pasarnos de peso. Prueba casi superada…
El viernes 4, bien identificados con nuestras camisetas naranjas de la ONG y nuestros crucifijos misioneros, llegamos al aeropuerto con todo el ánimo del mundo para hacer la kilométrica cola de facturación. Que sepáis que la cola no era por otra incidencia; es lo normal para nuestro destino.
Ya cercanos al check-in, al ver que somos todos de un grupo -¡olé esas camisetas discretas!- nos adelantan a uno de los puestos de facturación. ¡Qué suerte! Sí, sí… ¡Qué va! ¡Nos pegan el susto de decir que no aparecemos en el sistema! Coooommmmoooooorrrrr????? Pues eso; que no salimos. Pero una llamadita a la agencia, unas cuentas oraciones, que en algo se tiene que notar que vamos con «padre» y «madre» y la buena disposición de quienes nos atendieron, solucionaron el problema. No hay mal que por bien no venga: material para el blog.
Ya todos con tarjeta de embarque y maletas facturadas, vamos en busca de nuestra puerta, en el punto más alejado de la terminal más alejada. Aprovechamos para hacer últimas llamadas y debatir dónde era mejor que Natalia soplase sus velas de cumpleaños -Europa…? África…? Gana África-.
Otra vez a hacer cola para embarcar, con un pelín de preocupación por si no nos dejan subir el equipaje de mano, que, en nuestro caso, era… voluminoso. ¿A quién le toca la china? A Marisol, pobrina, que se pasa de bultos. Pues nada; que no entra… y que no entra… que no entra… que ya está todo el mundo sentado… que empieza a hablar el comandante… y que no entra…, !pero termina apareciendo, por fin, ese punto naranja en el pasillo!

Tras seis horas de vuelo, muy bien aprovechadas para socializar y/o dormir, según necesidades, llegamos a Malabo. La espera de las maletas…pfffff…qué decir…. IN-TER-MI-NA-BLE. Dos horas, por la cara. Fuimos aguantando la espera lo mejor posible, hasta dando paseos en carro, hasta que decidimos que había llegado el momento de soplar las velas de cumpleaños, porque el día se nos acababa. Y como una prueba más de la Ley de Murphy, todo fue plantar las velas en el trociño de tarta de Santiago, cuando empezaron a salir todas las maletas que faltaban. Así, con el regalo de las maletas, Natalia por fin pudo soplar sus velas.
Y otro regalo más: en lugar de tener que pasar la noche en el aeropuerto, como los grupos anteriores, nos llevaron al seminario de los claretianos. Es lo que tiene viajar con el P. Emiliano: paquete Premium. Nos reciben en el aeropuerto el P. Félix, Miguel y Domi, y repartidos en los coches vamos a dejar nuestras maletas y a buscar algo de cenar. En el trayecto algunos pudieron cumplir su deseo de viajar en la parte de atrás de la pick-up. Termina el primer día, que apuramos completo, porque a medianoche estábamos metiéndonos deliciosas pizzas y bocadillos de pollo entre pecho y espalda, y vamos a acostarnos, dispuestos a aprovechar lo mejor posible las 4 horas y media de cama que teníamos por delante.

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