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BUSCANDO AL PRÓJIMO

Los domingos son menos domingos cuando nada más levantarte sabes que te espera un buen bizcocho español para desayunar cortesía de madre Tomasa, la religiosa Capuchina. No lo malinterpretéis, nos encantan esos dedos de banana y ese bocata con el pan recién cogido de la panadería Mustafa por Martina y Patricia, pero tenemos que admitir que la comida española tira mucho…

Hoy, como todos los próximos domingos del mes, nuestra misa va a ser especial, de niños. Y cuando decimos niños, no son precisamente unos pocos, estaba la iglesia repleta! Lo mejor de todo es la alegria con la que les vemos entrar. Muchos de los niños son alumnos nuestros, así que ya os podéis imaginar la emoción al verlos correr hacia nosotras para que los abracemos o rogándonos que nos pongamos a su lado para enseñarles esas canciones tan divertidas que se cantarán durante la ceremonia. Hemos estado escuchando al padre Jacinto en la homilia, y hay una cosa que se nos ha quedado grabada: buscar al projimo y quererlo y cuidarlo como nos gustaría que lo hiciesen con nosotros. Ha sido muy interesante, ya que todos alguna vez hemos escuchado esta frase, pero pocos reflexionamos y nos centramos en ponerla en práctica. Hoy ha sido un buen día para ello.

Salimos de la Iglesia llenos de energía, alegria e incluso bailando algún que otro baile que los niños nos enseñaron. Esto es vida, hacednos caso. No hace falta tener muchas cosas o tareas que hacer para poder contar lo especial que ha sido nuestro día, a veces, incluso con lo más mínimo se disfruta.

Hoy nos ha tocado empezar con la renovación de alguna clase, concretamente las pizarras y empezar a diseñar algunos de los dibujos que queremos,en las próximas semanas, organizar y pintar en el patio de preescolar. Parece que no, pero ha sido muy divertido. ¡Quién iba a decir que tanto olor a pintura y tanto rascar y rascar nos iban a hacer pasar tan buen rato! Afortunadamente, tuvimos la suerte que de fondo, teníamos los coros y bailes de algunos de los chicos más mayores de la escuela, que vinieron a hacernos compañía y a amenizarnos el trabajo.

Pasamos a la comida, y como si no hubiéramos tenido suficiente con el buen desayuno, esta vez tocaba disfrutar de una buena morcilla de Burgos (o varias, mejor dicho) siempre acompañada de alguna de las delicias que nuestra Martina nos cocina y como el helado casero de madre Paula.

La tarde pintaba tranquila. Tiempo para descansar, preparar clases y antes de la hora de adoración y vísperas conjunta con el pueblo, una quedada con una buena cerveza en mano a cuenta de Alberto, seminarista del pueblo.

Tras la hora de oración, nos dirigimos a casa y para nuestra sorpresa…. croquetas!!!!!! Os prometemos que esto no suele pasar, ha sido la despedida de Mari Luna que no podía ser de otra manera y queríamos hacerlo por todo lo alto.

Terminamos la noche con uno de los mejores ratitos del día, la hora de la sobremesa. Compartir anécdotas, risas e historietas, todo para conocernos un poco mejor y disfrutar de un buen rato de compañía antes de irnos a dormir.

Esto es todo por hoy, pero no por ahora, ya que la segunda semana tiene pinta de comenzar fuerte.

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