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Cada piedra cuenta

Hoy, día 23 de julio, nos levantamos y damos como siempre la bienvenida al día desde el oratorio. Continuamos con la temática de las piedras a la que nos referimos ayer, y el grupo de oración trajo un relato con su puesta en escena. Les invitamos a leerlo pinchando aquí.

Tras el relato se hizo una breve reflexión sobre lo que el cuento quería transmitir. La oración de hoy se hizo más dinámica ya que cada uno reflexionó sobre cuáles eran las “piedras grandes” en nuestra vida, es decir, nuestros pilares más importantes, pero sin olvidar que las piedras pequeñas, el agua y la arena también son importantes ya que nos terminan de formar a nosotros como personas. Se comentó que nuestra piedra más grande es Jesús ya que sin él no somos nada, y la familia, los amigos y la rutina también suponen nuestras bases.

Después del desayuno, nos vamos a la escuela. Los alumnos corren hacia los profesores y nos llenan de abrazos. Hoy tampoco se puede poner el himno debido a problemas de sonido, así que la directora entona el himno y los niños la acompañan. Acto seguido, comienzan las clases.

A través de crucigramas, sudokus, sopas de letras, canciones o manualidades como los comecocos, procuramos motivar a los estudiantes a aprender de una forma más divertida, ya que no se nos olvida que están de vacaciones.

Durante el receso, jugamos al juego del pañuelo, a la pelota y cómo olvidarnos del salón de peluquería, ya que, como las niñas nos dicen, tenemos “unos moños muy lindos”.

Después del receso llegan los talleres, hoy hay rotación, por lo que le toca descansar al equipo de salud, que aprovecha para echar una mano a los talleres que necesiten una mano extra para ir más fluidos, como el de manualidades. En el taller de deportes encontramos juegos de lógica y habilidad mental, en el taller de baile realizan una nueva coreografía, y en el taller de manualidades, carreras de gusanitos hechos de papel.

Mientras los niños reciben sus clases en la escuela, Madre Carmen se reúne con los padres de los niños becados para concretar detalles de cara al próximo curso escolar.

Reunión con los familiares de los alumnos becados

Terminada la jornada escolar, volvemos a casa y comemos con muchas ganas la deliciosa comida que nos ha preparado Margarita. De postre, nos espera una dulce y jugosa piña. Damos las gracias por la comida recibida y pedimos que las clases del batey sean hoy más tranquilas, contando con la nueva organización y las medidas tomadas para mejorar el orden.

Tras las clases del batey, jugamos con los niños en el recreo. Los más pequeños se entretienen jugando con un pompero y atrapando las pompas de jabón mientras que los que son un poco más mayores juegan a saltar la soga (comba).

Cuando llegamos a casa de vuelta del batey, salimos a jugar con los niños de la calle como de costumbre, pero nos encontramos con nuestra vecina de en frente que nos presenta a sus amigas con las que compartimos risas, nos dan a probar la caña de azúcar, muy típico dominicano, y se ofrecen a hacernos trenzas.

Para cenar tenemos una sorpresa: el tío Julito nos ha preparado la cena. Cenamos mangú (puré de plátano) con queso derretido, puré de patatas, bacalao y para acompañar, un fresquito jugo de guayaba. De postre, gachas de avena y trocitos de mango y piña. Después de cenar, se preparan las clases para mañana y después nos reunimos con la guitarra a cantar un rato, antes de irnos a dormir

¡Hasta el próximo día!

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