¡Llega el gran día de la final del Mundial! Estamos todos-en intensidad diversa- con la emoción del partido. Pero nos quedan unas cuántas emociones previas antes de que llegue la noche. Una de ellas, repetida cada domingo: la emoción de la misa de niños, con sus canciones a tope de percusión y, por si no era suficiente ritmo, Christian se ha unido hoy también con el tambor.
Después de misa, nos íbamos a ir al Gran Hotel Djibloho, para tener un día más relajado y aprovechar para agradecer a nuestros antiguos alumnos voluntarios -Laura, Jesús Mario y Lorenzo- su ayuda en el curso de verano. Pero, antes, otra emoción de lo más emocionante: ha venido Caetano, el chófer, a poner en el coche la batería del grupo electrógeno para cargarla. Ana Rosa se ha ido con él a dar unas cuantas vueltas por el pueblo, confiando en que se cargara. Un par de paradas en cuesta abajo para ver si se había cargado, y el sonido del coche en modo tuberculoso, hacían presagiar futuras emociones.
Emocionante tetris de 13 voluntarios en el coche, montándose sin parar el contacto, por si las moscas tropicales. Después de media horita, llegamos al hotel. Un mega complejo de cinco estrellas en mitad de la selva. Definitivamente, éste es un país de contrastes, pero conocerlo forma parte de la experiencia, así que nos dejamos sorprender. Nos recibe un tío de Marta que trabaja en el hotel y nos hace de guía de la visita Leandro, un antiguo alumno de nuestro colegio de Bata. Recorrido por el spa, el gimnasio, la suite presidencial… y un salón preparado para la celebración de una boda de lo más repolluda, con fotos de los novios más grandes que las pancartas de la visita del Papa a Guinea.
Terminado el recorrido, nos quedamos a comer en el patio del hotel, y, lo que tiene estar en el hotel más lujoso de Guinea, te encuentras con algún famoso. Allí estaba, ni más ni menos que…¡¡¡Jhonson Killer!!! ¡Qué emoción, que hasta se hizo un selfie con nosotros! Podéis buscarle en Google, que sale.
Al terminar la comida, llega el momento de la verdad automovilística. ¿Se habría cargado la batería…? Pues no; el coche no arranca. Madre mía, lo que hay que hacer por darle más emoción a este blog… Pues nada; que nos toca empujar. Lo bueno es que tenemos suficiente fuerza motriz para mover el coche. Con 24 brazos fuera y Fran dentro del coche, conseguimos que arranque, y no pensamos pararlo ni aunque se nos ponga delante una barrera con militares de lado a lado. ¡No nos pararán!
Nuestra siguiente parada metafórica iba a ser la AAUCA, la Universidad Afro-Americana de África Central, que está cerca del hotel, en lo que es la actual capital de Guinea Ecuatorial. Para ponerle más emoción, en lugar de entrar en el recinto de la universidad, nos metemos en un cuartel militar, alucinando por que no hayan dado el alto a un coche petado de gente de lo más variopinta. Vuelta de reconocimiento y salimos escopeteados antes de que nos escopeteen. Ya en la universidad, vamos en busca de Levi, uno de nuestros antiguos alumnos que estudia allí y que colaboró con nosotros en el anterior curso de verano. Pasamos un rato agradable charlando con él, sin para el coche, por supuesto, y, después, ponemos rumbo a casa.
Al llegar a Evinayong, Christian y Ana Rosa se van en modo genios de Aladín: habían prometido a los nietos de Bibiana llevarles a dar una vuelta en coche el domingo. Aunque no era el día más propicio, por esa batería chuchurría, una promesa es una promesa, y más cuando se les hace a niños. Así que Ana Rosa entra en la casa a buscarles mientras Christian se queda guardando “el coche imparable”. ¡No os imagináis la emoción de esos 6 niños más 2 vecinos extra, que hasta se cambiaron de ropa para montarse en el coche!¡Qué risas!¡Qué gritos!¡Qué manera de tocar la bocina! Las calles de Evinayong les saben a poco y hasta piden que les lleven a Bata, pero eso ya excedería el nivel de emoción.
De regreso a casa, y tras el rezo de vísperas, nos preparamos todos para ver la final del Mundial. Requisito previo: ¡nadie puede entrar al comedor sin pintarse la bandera de España! Para cenar, y siguiendo la tradición de todos los proyectos, “croquetas presidenta”, porque la ocasión lo merece. ¿Qué decir del partido…? Como seguro que todos los que nos leéis, lo visteis, ya os podéis imaginar la emoción de este grupo de voluntarios animando a la selección. ¡¡¡¡Mamma mia, qué nervios!!!! Gritos, palmas, cánticos, saltos y hasta escapes de pis. A falta de Manolo, el del Bombo, “la chica del tambor”. Locura desatada con el gol de Ferrán; locura desahogada con el pitido final. Si no fuera porque el coche no arranca, nos hubiésemos ido por todo Evinayong a bocinazos. A cambio, un grupo de chavales viene a la entrada de la casa para celebrar con nosotros la victoria. Andrea, Espe y Christian no se resisten y se van a la rotonda -a falta de fuente, buenas son tortas redondas- a festejar. Ha sido un día lleno de emociones, de alegrías, de sorpresas, de ilusiones… ¡¡¡y somos campeones!!!
