Para entender cómo ha sido el día de hoy, basta con imaginarse a cuatro chicas sentadas alrededor de una mesa. Eran ya la una de la madrugada, después de tres intensas horas, cuando por fin lograron cuadrar el horario del curso de verano.
No sería raro, entonces, que al día siguiente -hoy- la alarma de las 7 am quedara relegada al olvido y que los nervios fueran responsables de sacarlas de la cama.
En el desayuno, las de las una de la madrugada -profesoras de Bachillerato y ESBA- se encontraron con quienes habían madrugado para ir a misa -maestros de primaria-.
(Pasamos a la primera persona del plural)
Cada cual con su historia, pero en conjunto, entre tostadas y papaya, todos compartíamos la misma inquietud: ¿cómo funcionaría la enseñanza en este rincón de África? ¿Estaríamos a la altura?
Para entonces ya habíamos tenido ocasión de percibir algunos matices que distinguen a los chavales africanos de los españoles. Así, en líneas generales, es fácil advertir cómo su condición marginal se refleja en su forma de relacionarse con el entorno. Dejémoslo en que no tienen mucha, sino demasiada « calle ».
Sin embargo, resulta que, al final, los voluntarios somos unos agonías. Hemos salido de las clases tan campantes; satisfechos, sin excepción, me atrevería a decir. Cierto es, eso sí, que la jornada ha sido de presentaciones oficiales y todavía no hemos entrado en materia. Pero, ¿acaso no dicen que la primera impresión es la que cuenta?
Aprovecho, además, para tranquilizar al lector -quizá una madre, un padre, o algún familiar de los voluntarios-, estamos comiendo en condiciones, que no cunda el pánico. De hecho, más que nutridos estamos, diría yo. Hoy, concretamente, Arlette y Emsimba nos han preparado unas lentejas de primero -y de primera también-. Luego, por si alguno se hubiera quedado con hambre, han servido corbina frita de segundo (Yummyyyyyyy).
Dejo también constancia, por si alguien quiere hacer seguimiento, de que Tania ha prometido solemnemente que, antes de volver a España, donará una buena cantidad de su melena a una señora de Evinayong. ¡Buena suerte, Tania!
La tarde ha sido de clausura: ¡en casa! Tocaba reorganizar el horario con la incorporación de dos exalumnos voluntarios y un profesor del colegio que se han ofrecido a echarnos una mano para poder cubrir todos los cursos.
¡Vaya caos, señores! -God may help us- Sea como fuere, aunque el encierro se nos ha hecho cuesta arriba, al fin lo hemos logrado.
Al caer el sol, las vísperas nos han dado un respiro. Hemos salido a tomar aire fresco y, tras la cena y el fregado de platos, nos hemos puesto manos a la obra con la preparación de las clases de la siguiente journée. Como se puede observar, aquí no se para.
Ahora ya sí, me despido, pues toca empezar a darle vueltas al “mañana” y, qué más contarte, querid@ lector/a, si para verdaderamente saberlo, hay que venir a vivirlo…
Gracias por dedicar tu tiempo a seguir nuestro camino.
Pd. Mi cariño a los Blázquez Escribano







