Comenzamos el día en la capilla, compartiendo rezos, peticiones y dando gracias por estos días que estamos viviendo.
Desayunamos unas ricas arepas que la hermana María había preparado y nos vamos de camino al colegio, entusiasmados, esperando ver nuevas caras en el día de hoy.
Cuando llegamos, nos dirigimos al comedor, donde realizamos algunos cantos y oraciones todos juntos. Después de ello, cada uno se dirige a su clase correspondiente para dar comienzo a los salones. Después de varias operaciones en matemáticas, juegos de acentuación en lengua y un montón de intentos para ordenar a todos los pequeños con sus múltiples niveles, terminamos y podemos dar comienzo a la mejor parte del día: los juegos en el patio, no sin antes desayunar unos panecillos y un vaso de yucuta (una bebida típica venezolana muy refrescante). ¡LES ENCANTA!
Durante los juegos, la lluvia ha pasado a ser el centro de atención, ya que hemos tenido que modificar algunas actividades y meternos en el caney para no mojarnos y poder seguir. Suena el timbre y volvemos al comedor, cantamos una canción para dar gracias a Jesús por la comida tan rica del día y nos despedimos para volver mañana con más ganas.
En la tarde, volvemos a Morichalverde, una comunidad indígena que está cerquita del pueblo. Con mucha ilusión, realizamos los juegos que hemos preparado anteriormente: petanca, explotamos pompitas y jugamos a unos bolos improvisados con botellas y arena. Merendamos juntos y nos despedimos para mañana.
Llegamos a casa, nos preparamos para la oración de la noche y compartimos el día cenando unas ricas empanadas (aunque Mateo se comió la última y dejó sin desayuno a Isabel).
Mañana, más y mejor.








