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Con guitarras y sin gasas

09 de julio de 2025

El día amanece bien temprano con el canto del gallo, aunque he de decir que aquí los gallos son muchos, se responden entre ellos y cantan a cualquier hora del día. Esta mañana el cielo estaba encapotado, como de costumbre, y la niebla a ras de suelo.

Las primeras valientes amanecieron con la tarea mas dura del día, intentar convencer a Globi, nuestro perro guardián, para volver a casa. A las 7 de la mañana, ya estábamos todos listos para la misa matutina, algunos con bastante sueño y rugir de tripas. Tras finalizar la eucaristía volvimos a casa para disfrutar de un buen desayuno, aunque el aguacate y la papaya triunfen cada vez que se ponen en la mesa, hoy el rey ha sido el jamón de «Los Pedroches», y en segundo puesto, la crema de avellanas, aquí conocida como «Tartina».

Tras coger fuerzas, cada grupo hizo las tareas pertinentes, preparar el desayuno para Pascual (un hombre que ayuda al mantenimiento del colegio), tender las lavadoras, fregar y recoger los platos del desayuno, etc. Pronto todos nos pusimos rumbo a nuestras aulas dispuestos a afrontar el primer día de «clases de verdad», unos trabajaron pruebas de nivel, otros empezaron con el temario y hubo que castigar a algún que otro niño rebelde.

El grupo volvió a unirse para los talleres del día: pintacaras y distintos juegos tradicionales. Nuestros patios se han repleto de gatos, leones, conejos y otros animales. También nos enseñaron como juegan aquí a «Las sillas musicales», en las que sólo hace falta formar un círculo en el suelo y cantar a pleno pulmón.

Nuestras enfermeras, Tania y Cris, curaron a algunos niños con heridas bastante feas, ¡están en buenas manos! El rato de antes de comer algunos lo aprovecharon para descansar, otros para trenzarse el pelo y, como siempre, no se dejó de jugar con los niños.

La comida nuevamente exquisita, nuestras cocineras preferidas hoy nos prepararon estofado de patatas y pollo especiado. Las bolas de cacahuete se han vuelto nuestra nueva adicción.

En el tiempo «libre», nuestros profes de primaria estuvieron organizando los talleres de la semana, mientras que otros aprovechamos para descansar un poco y hablar con nuestras familias.

La tarde fue cuanto menos… curiosa. Nuestra idea inicial era ir a conocer la catedral y a su obispo, pero sin saber muy bien como acabamos tomándonos unas copas con el padre Alberto. Nos animamos a sacar la guitarra y cantar un rato, aunque por desgracia no tuvimos la oportunidad de conocer al obispo.

De vuelta a casa hicimos un par de paradas, las cuales nos dejaron enormemente impactados, sobre todo a los sanitarios. Visitamos lo que se corresponde con el «centro de salud» y el hospital de Evinayong. Aquí sólo te dan el número de pastillas que necesitas para completar el tratamiento, ni una mas ni una menos, y los precios muy a la alza, aunque decir solo esto se queda demasiado corto para la auténtica realidad. Aprovechamos para ver una panorámica de la ciudad desde el «mirador» del hospital y volvimos a casa dando gracias por nuestro sistema sanitario.

En las vísperas de hoy, las hermanas cantaron en francés y tocaron las maracas con más ritmo que ninguno de nosotros. En la cena hubo muchas risas y recordamos algunas anécdotas del día. Tras recogerlo todo y cantar un ratito más, concluimos el día preparando las clases del día próximo, que seguro será igual de intenso, pero esperemos muy gratificante.

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