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Cuando el cansancio pierde contra una sonrisa

17 de julio de 2026

Hoy el despertador tuvo un rival inesperado. Al gallo le dio por empezar su concierto antes de tiempo, aunque algunos decidimos negociar cinco minutillos más con la almohada. Aun así, tocaba ponerse en marcha. Llegábamos al ecuador de esta experiencia y el cansancio acumulado ya empezaba a pasar factura. De camino a la iglesia, más que caminar, parecía que llevábamos los pies en piloto automático.

Después de cargar pilas con el desayuno, arrancó una nueva mañana de clases y talleres. Entre canciones, juegos, manualidades y alguna que otra carcajada, volvimos a comprobar que los verdaderos profesores son ellos. Los niños tienen esa increíble capacidad de borrar el cansancio con una simple sonrisa. Cuando uno cree que ya no le queda energía, aparece un abrazo, una risa contagiosa o un “¡profe!” que lo cambia todo.

Por la tarde tocó sacar la brocha y la imaginación. Decidimos darle una nueva vida al parque de columpios del colegio, así que nos pusimos manos a la obra. Pintamos columpios, bancos… ¡de todo! Aquello parecía más un concurso de quién acababa con más pintura encima que una jornada de bricolaje. Y, para darle un poco más de emoción, apareció la lluvia. Pero aquí ya hemos aprendido que cuatro gotas no pueden con las ganas de servir, así que seguimos pintando hasta que la noche nos obligó a guardar los pinceles.

Eso sí, después llegó otra misión casi igual de complicada: quitarnos la pintura. Hubo que frotar con ganas porque algunos parecíamos más un lienzo moderno que voluntarios.

Con la noche ya instalada sobre Yaoundé, vivimos uno de esos momentos que dan sentido al día. Rezamos juntos las vísperas, compartimos la cena y terminamos, cómo no, con nuestro ya tradicional “momento banquito”. Ese rincón donde las anécdotas del día se mezclan con las risas, donde revivimos lo ocurrido en las clases y talleres y donde también encontramos un espacio para dar gracias por todo lo vivido.

Porque, aunque el cuerpo note el cansancio, el corazón sigue llenándose un poco más cada día. Y eso hace que todo merezca la pena.

Así comienza nuestro fin de semana, que promete venir cargado de sorpresas. Así que hoy toca acostarse pronto… porque mañana las calles de Camerún vuelven a esperarnos, y nosotros estamos más que preparados para seguir escribiendo esta aventura.

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