Parece mentira lo rápido que vuela el tiempo, y aunque las semanas se han pasado casi sin darnos cuenta, el peso de la despedida ya empieza a dejarse sentir.
Hoy hemos podido permitirnos el lujo de dormir un poquito más. Bajamos a desayunar a las ocho, pero con un aire distinto; nos hemos arreglado más de lo habitual. Tocaba nuestra última misa de domingo, ese momento en el que todo el pueblo nos recibe y nos hace sentir parte de algo mucho más grande.Pudimos despedirnos personalmente del padre Eusebio agradeciéndole no solo su acogida, sino el papel fundamental que ha tenido en nuestra estancia.
Con la nostalgia a cuestas, nos hemos subido al coche. Probablemente era nuestro último viaje «apretaditos» en él, y aunque parezca extraño, ya sabemos que vamos a echar de menos hasta esa falta de espacio. Nuestro destino: Mongomo, la última capital de provincia que nos faltaba por explorar.
Al llegar, nuestras expectativas estaban puestas en su famosa catedral. Para nuestra desilusión, estaba cerrada. El horario marcaba que abriría a las 16:00, así que decidimos tomárnoslo con calma: una comida tranquila y un paseo por las calles de la ciudad para buscar algún recuerdo que llevar de vuelta a España.
Nuestro paseo nos llevó hasta la frontera con Gabón. No pudimos evitar la tentación de sacar alguna foto a escondidas,y a Fran casi le pillan, menos mal que el guardia de seguridad, entre lo majo que era y la labia de Fran, dejó pasar el incidente.
Al volver al coche, con las ganas de ver la catedral, la prisa nos jugó una mala pasada, Ana Rosa arrancó con tanta energía que Miguel, pobre, casi se queda en tierra. Menos mal que se dio cuenta a tiempo. Al llegar a la catedral, la segunda decepción: seguía cerrada. Tendremos que conformarnos con buscar fotos de su interior en Google, pero la experiencia de haber intentado verla ya es nuestra.
Iniciamos la vuelta a Evinayong con el sol cayendo, pero el camino nos tenía reservada una sorpresa. De repente, nos encontramos con un cielo despejado, un sol radiante y ni una sola nube a la vista. Un fenómeno tan poco frecuente por aquí que Ana Rosa no dudó, frenó en medio de la carretera para que todos pudiéramos contemplar ese regalo que llevábamos tiempo sin ver.
Antes de volver a casa, decidimos pasarnos un rato por casa de mamá Anastasia. Ella es la abuela de Laura y Jesús Mario, dos de nuestros ayudantes en este curso de verano que nos han acogido en su casa con los brazos abiertos. Fue una visita corta, pero necesaria, para poder despedirnos bien de toda la familia antes de volvernos a España.
De vuelta en casa, nos sentamos a la mesa para cerrar el día con una recomendación de Ana Rosa: Patch Adams.
Disfrutamos la peli pensando en nuestros alumnos del Carmen,ojalá estén aprovechando el tiempo y preparándose bien esos exámenes de recuperación que tienen mañana.
Ha sido un día de esos que pesan, de los que se te quedan grabados: otro más para el recuerdo, y uno menos de los que nos quedan aquí en Evinayong.
