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Descubriendo Haití

Tras pasar la noche en la casa que tienen las hermanas en Herrera, iniciamos nuestro viaje hacia Haití bien pronto (seis y media). Rezamos todos juntos en el autobús y comienza nuestra sesión de karaoke en el microbús.

Al llegar a la frontera descubrimos la complicación por la que se caracterizan los días de mercado (los lunes y los viernes). Se forman grandes aglomeraciones de personas que además transportan bultos que dificultan nuestro avance. El comercio es la forma de vida de muchos isleños (tanto haitianos como dominicanos), por lo que para ellos es primordial conseguir traspasar la mayor cantidad de productos en el menor tiempo posible. Nuestra guagua (microbús) les estorba. Finalmente, al trascurso de tres horas y media, conseguimos llegar a Dilaire.

Los voluntarios nos habían preparado la comida, que tardamos poco en comer. Pronto llegaron niños con los que estuvimos jugando en el patio de la escuela. Unos al fútbol, otros al pilla pilla, otros al salto de longitud… También nos ponemos en contacto con el idioma de Haití, el creol, y comprendemos los problemas a la hora de comunicarse con estos niños.

Nos instalamos y, seguido, M. Ingrid nos enseña el pueblo. Conocemos la calle principal del pueblo y la forma de vida de sus habitantes. También nos enseñan Vapor, un complejo deportivo que funda un empresario para que los pequeños del pueblo puedan practicar deporte de forma segura.

Volvemos a casa y terminamos el día, primero montando nuestras mosquiteras y, a continuación, cenando todos los voluntarios juntos, compartiendo una «cena española» y anécdotas de nuestras experiencias.

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