Por fin llegó el día en el que nos adentramos en Evinayong, pero no sin antes vivir algunas aventurillas y experiencias que nos unen como grupo.
Pasamos la noche de Malabo en el Seminario de los claretianos y tocaba levantarse temprano para facturar con tiempo en el aeropuerto. Mereció la pena la ducha y una cama y almohada donde descansar. El grupo ya estaba preparado desde las 5:30 de la madrugada. Tras minutos de espera comienzan a aparecer los nervios porque D. Emiliano no llegaba. Y surge la pregunta del millón: ¿alguien le avisó de que había que estar a esa hora? Que si si, que si no,… Conseguimos contactar con él, y nos tranquiliza porque viene de camino.
De nuevo cargamos todas las maletas en los coches que P. Félix y P. Emiliano nos habían facilitado. Este era el motivo de esa supuesta tardanza. Conseguimos llegar con tiempo suficiente al aeropuerto para poder esperar nuestro vuelo. Una vez más facturamos todas las maletas que llevamos cargadas de material y tan cargadas que las llevamos que tocó pagar algún franco que otro… Pero conseguimos superar la prueba.
Y ya, por fin, se inicia el despegue hacia Bata, con una duración de escasa media hora. El vuelo muy bien. Al aproximarnos a Bata nos sorprende que se ven tantos árboles que no se ve el suelo, solo una masa verde, impresionante. Naturaleza al cien por cien.
Un buen aterrizaje, mientras mirábamos asombrados por las ventanillas el bello paisaje. Por fin tocamos suelo del continente africano. Todos emocionados de pensar lo cerquita que teníamos nuestro destino, aunque tocaba llegar en coches. Esta vez las recogida de las maletas fue más rápida y ágil.
Con gran ilusión nos dirigimos al colegio Carmen Sallés de Bata.
Las Hermanas Emilie y Esperanza nos recibieron con alegría, con cánticos de agradecimiento a Dios y con un maravilloso desayuno preparado por las hermanas Concepcionistas. Madre Paula nos ofrece mermelada de papaya elaborada por ella misma. Exquisita.
Nos enseñan el colegio pudiendo ver in situ los lugares y rincones que podíamos ver en las fotografías y videos realizados gracias a los intercambios del Proyecto Lector entre el alumnado de Bata y Badolatosa. En este momento recordamos la labor realizada por la hermana Pilar y Vicente, voluntarios misioneros en la retaguardia, dando apoyo y rezando por el buen desarrollo de esta experiencia de vida, que sin duda marcará nuestras vidas.
Tiempo escaso pero suficiente para hacernos una idea de nuestro destino. Tomamos los coches y nos dirigimos a Evinayong. Estupenda carretera la que separa estas dos ciudades. El paisaje precioso, todo muy verde y frondoso, atravesamos el río…muy caudaloso. Madre Mª Jesús quiso que parásemos para apreciar lo caudaloso del río, impresionante. La naturaleza es vida, sin duda.
En un par de horas llegamos a nuestro destino final, Evinayong. Nuestro corazón latía con fuerza, y más aún, emocionados, cuando leemos el cartel de bienvenidos a la entrada del pueblo. La sensación que prima es el que los queremos sin aún haberlos conocido.
Emoción, alegría, el corazón a tope al ver la alegría de los niños y niñas y de las hermanas que nos esperaban y veían cómo nos acercábamos. Alegría, emoción, la piel erizada, la sonrisa de oreja a oreja… Por fin, !hemos llegado! Llega la hora del suculento y delicioso almuerzo. Seguidamente tocaba abrir maletas, reorganizar todo y ubicarnos en nuestras habitaciones. Labor de equipo, camaradería, alegría, entrega… Y de fondo los cánticos de los ensayos del coro fang.
Una vez colocados en nuestras habitaciones, habernos comunicado, a través de la wifi con nuestras familias, es hora de estar con nuestro Padre unos minutos de oración. Rezamos vísperas en comunidad. Y no sabemos por qué, pero todos los días comemos varias veces y llegó la hora de la cena, exquisita también, preparada por las hermanas. Terminamos así este precioso día, llenos de esperanza, ilusión, emoción y un corazón desbordado.
Todo ha ido bien, gracias a nuestro buen Padre Dios.
