Aunque el viaje oficialmente empezaba hoy, para nosotros empezó ayer, cuando fuimos llegando poco a poco a la Casa General de Sánchez Guerrero. Allí nos juntamos los voluntarios de este año: Ismael, Luna, Cristina, Rodrigo y yo, Ana, acompañados por Madre Carmen, directora de la escuela de Yaundé.
Después de organizar y cerrar maletas, cenamos con las religiosas, a quienes agradecemos muchísimo cómo nos acogieron. El rato que compartimos con ellas nos dio mucha paz; nos animaron un montón y nos hicieron sentir muy acompañados antes de empezar el viaje.
Más tarde salimos a dar un paseo por un parque cercano para tomar un poco el aire (aunque, con el calor que hacía, aire había más bien poco). Aun así, nos vino muy bien para hablar, conocernos un poco más y empezar a imaginar cómo sería todo lo que nos íbamos a encontrar. También nos acordamos mucho de Pilar, que iba a venir con nosotros y al final no pudo. La vamos a echar mucho de menos, pero sabemos que estará muy presente en esta aventura.
Hoy tocó madrugar. A las 8:00 de la mañana salíamos de la Casa General y, todos con nuestra cruz de misionero y muchas ganas, pusimos rumbo al aeropuerto para comenzar el viaje.
Nos esperaba un día muy largo, con dos vuelos, una escala en Estambul y muchas horas por delante. El primer vuelo fue muy bien y llegó puntual, así que pudimos disfrutar de la escala con tranquilidad antes de embarcar en el último vuelo, el que nos llevaría a nuestro destino final.
En el vuelo a Yaundé cada vez estábamos más cerca de Camerún y era inevitable pensar en todo lo que estaba por venir, con mezcla de ilusión, curiosidad y algo de incertidumbre. Mientras tanto, disfrutábamos del atardecer que se veía desde la ventanilla. Luna, como se ve en la foto, intentaba relajarse como podía…
También teníamos la esperanza de poder ver el partido de España durante el vuelo, pero al final no hubo suerte y nos quedamos con las ganas. Eso sí, lo importante es que hemos pasado a cuartos de final y el próximo ya estaremos todos apoyando a nuestra selección desde el cole en Yaundé.
Después de ese último tramo, gracias a Dios llegamos bien a Yaundé y pasamos los controles sin problema. La verdad es que todo estaba saliendo demasiado bien…
Hasta que llegamos a la cinta de equipaje. Empezamos a esperar… pero nuestras maletas no aparecían. Poco a poco vimos que no era solo cosa nuestra, sino que también muchos pasajeros estaban en la misma situación y todo parecía que bastantes maletas se habían quedado en Estambul. Después de varias horas de cola de espera para reclamar el equipaje, agotados después de llevar en marcha desde las 8:00 de la mañana, por fin pudimos dejar la reclamación hecha. Ahora solo esperamos que las maletas lleguen en los próximos días.
Alrededor de las 2:00 de la madrugada salimos por fin del aeropuerto rumbo a la escuela. Nos recogieron las hermanas que están en la escuela de Yaundé, que nos recibieron con muchísimo cariño y una hospitalidad que agradecimos enormemente después de un día tan largo. Ese fue nuestro primer contacto con el país. Aunque era de noche y había mucho cansancio, queriamos ir con los ojos abiertos para no perdernos nada. Las calles estaban muy tranquilas a esas horas, pero aun así ya se empezaba a intuir el ambiente y la esencia de Camerún.
Al llegar al cole, cada uno se fue a su habitación a descansar después de un día muy largo, pero con muchas ganas de ver qué nos esperaba al día siguiente y de empezar a vivir de verdad esta experiencia.






