Amanecemos con la mirada puesta en el cielo y deseando que la lluvia nos dé hoy un respiro.
Nuestro primer «buenos días» se ha escuchado en el comedor mientras comenzaban las tareas y apurábamos los últimos minutos antes de acudir a la Eucaristía. Lucía ha leído la lectura y el salmo para todos los que allí estábamos.

Al salir, en la puerta de la panadería, guardan turno dos pequeños que nos enseñan sus coches de juguete artesanales, último modelo, fabricados con gran creatividad e imaginación.
Toca coger fuerzas en el desayuno para afrontar el último día de clases de esta semana.
Hoy los niños no esperan para formar fila como habitualmente, se agolpan alrededor de los nuevos carteles que anuncian los resultados de la Liga Sallés de fútbol. ¿Quién será el equipo vencedor?
Al finalizar las clases, todo el grupo ha salido en busca de un sastre. Los más decididos salieron de allí con las medidas tomadas y el encargo hecho, a los indecisos nos tocará volver en otro momento.
Por la tarde, la moda continúa. El atuendo estaba claro: buen calzado, manga larga y, lo más importante, calcetín bien estirado por encima del pantalón. Y es que cualquier precaución es poca cuando uno se adentra en el bosque.


El camino hacia allí ya prometía, sin duda, iba a ser una tarde diferente. Todos queríamos llegar hasta allí en el coche descapotable en el que Alberto y el Padre Simeón, nuestros expertos guías, venían a recogernos.
Tras unos cuantos selfies y vídeos de rigor, nuestro coche se para en lo que queremos intuir es el inicio de nuestro camino. Alberto y Simeón, machete en mano, son los encargados de abrir y cerrar el grupo, y bromean con la aparición de serpientes a nuestro paso.


Nos metemos de lleno en la selva y comenzamos a disfrutar de toda la vegetación que nos rodea. Hemos aprendido el arte de sacar la yuca de la tierra y que para M. Martina nunca es suficiente cuando se trata de recoger bambucha para alimentar a todo el equipo.
¡Todos tranquilos! No encontramos a nuestro paso ni serpientes, ni monos, ni elefantes. Nos conformamos con huir de las hormigas dando rápidos pisotones.
Es hora de

regresar, el cielo vuelve a coger el mismo tono gris oscuro que los días anteriores. Nos dirigimos al poblado de Eñeng y cruzamos los dedos para que la lluvia aguante un poco más.
Al llegar, algunos niños y grandes salen a nuestro encuentro y nos dan la bienvenida. Conocemos y experimentamos todos los rincones de la iglesia: toqueteamos xilófonos y tambores y hasta nos atrevemos a darlo todo en el coro.


Nuestra último objetivo de la tarde: llegar hasta la cascada. El cielo ya está gris, casi negro…al llegar ponemos a prueba el agarre de los diferentes calzados que cada uno eligió para la travesía.
¡Y llegó la bendición! Lluvia para todos mientras regresamos tapándonos con lo que teníamos a mano hasta refugiarnos en un curioso bar y tomar algo para reponer fuerzas.
Terminamos nuestra jornada de viernes con sesión de cine: «Más allá de la pizarra», una gran película que nos ayudó a dar aún más sentido a nuestra misión: llevar a Jesús y encontrarle en el corazón de los que, cada día, salen a nuestro encuentro.