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¡Hasta pronto!

02 de agosto de 2025

Nuestro último amanecer en Bata. Desde un poco antes de las 6 de la mañana comenzamos a cargar maletas. Cuando bajamos era de noche y en escasos segundos, casi sin darnos cuenta, amaneció, con claridad total (supongo que será por estar ubicados donde estamos), el ecuador.
Hoy vamos al aeropuerto con dos coches, ya que llevamos el de las hermanas de Evinayong y el de Bata, cosa que agradecemos bastante porque vamos más cómodos.
A las 6 iniciamos nuestro camino de vuelta, disfrutando de las vistas tan bonitas que nos ofrece el paseo marítimo de Bata.
Ya en el aeropuerto toca pasar la revisión manual de maletas que vamos a facturar y que no pueden pasar de 23 Kg.
Nos abren todas las maletas y revisan lo que llevamos.
Gracias a Dios todos pasamos con normalidad. Tenemos alguna que otra revisión de pasaportes pero por fin conseguimos pasar.
Después nos toca pasar el control policial y de nuevo control de pasaportes y otro control manual de las maletas de cabina (puesto que el escáner no funciona). Aquí, sí que nos encontramos con sorpresas puesto que a algunos no les dejaban pasar todos los recuerdos que habían comprado, y tienen que volver a meterlos en las maletas ya facturadas. De esta manera ya no hay a problema.
Hubo suerte y consiguieron traer una maleta de los del grupo para meter lo comprado. Nuestras piñas, cacahuetes, aguacates y objetos de madera están a salvo y logran pasar. Es un gran tesoro para nosotros, puesto que queremos que nuestros familiares disfruten del sabor tan especial y tan bueno que tienen estos productos guineanos de los que hemos podido disfrutar durante toda nuestra estancia.

Tras un rato de espera y alguna cabezadita que otra, desparramados por el suelo o los asientos de las instalaciones llega nuestro avión que nos llevará a Malabo, capital de Guinea Ecuatorial, que se encuentra en la isla de Bioko, más al norte, frente a las costas de Camerún.
Despediremos así, la parte continental de África. Ya nos quedan pocos minutos de estar aquí y empiezan a aparecer sentimientos encontrados.
Este viaje de vuelta a nuestras casas lo encomendamos en nuestras oraciones a la Virgen María y a Santa Carmen Sallés.
En poco tiempo embarcamos y comenzamos nuestro corto viaje a Malabo.
Aterrizamos y nos toca vivir casi una jornada completa viviendo en el aeropuerto. Hay que pasar este trance. Se han sucedido visitas, encuentros, anécdotas, y hemos comprobado como las manos de nuestro ángel particular, D. Emiliano, llegan hasta aquí.
Se encargó de que Willy, yerno de su hermana Isabel estuviese con nosotros para ayudarnos con el equipaje, para que no pesase nada más de los kilos estipulados y ayudarnos en la facturación. Tuvimos que reestructurar maletas y su contenido. Pero gracias a Dios, todo fue bien.
Nos visitó Felicitas, familiar, que nos acompañó un buen rato, todo un detalle por su parte.
Nos visitó una amiga de Ana Rosa, Rosy, estando con nosotros hasta después de comer y nos encontramos con el grupo de médicos que un sacerdote jesuita guineano, P. Crisanto, organiza desde Málaga para «sanar a los enfermos» en Guinea. Marisol y Ana Rosa bajaron a llegadas nacionales del aeropuerto para saludar a uno de los médicos, Federico Izquierdo que viene de Cabra, el mismo pueblo que Marisol. Este equipo de médicos ha desarrollado durante dos semanas no una labor sanitaria importantísima en Djibloho y pueblos cercanos.

Se acerca el momento de la partida y subimos de planta, a la sala de embarque, con más controles de equipaje de mano, etc. Y en ese momento nos reencontramos con el grupo de jóvenes «Misioneros de la Inmaculada Concepción (MIC)», con los que hemos departido un buen rato de charla, experiencias, sensaciones…
En suma, un día de aeropuerto, comiendo, descansando como hemos podido, buscando cómo cargar los móviles, tirados por el suelo, hasta que llega la hora de tomar el avión. Salimos con retraso ya llegan los nervios, que si hay que cambiar billetes de AVE, y nuestras familias enchufados a los móviles, al Wassap, transmitiendo tranquilidad. Todo irá bien, como ha sucedido hasta este mismo instante que escribo y tú lees.
Todo ha salido maravilloso, nuestro corazón, nuestra piel, nuestros ojos, nuestros sentidos los tenemos cargados a tope.
Ya mismo comenzamos el despegue.
Es hora de la despedida, pero no me sale. No puedo articularla ni escribirla. Sólo me viene a mi mente un «Hasta pronto, Dios dirá», «Si Dios quiere, nos vemos en septiembre» Es lo que nos llevamos con nosotros, el lema de esta congregación, que ahora toma cuerpo: Adelante, siempre adelante, Dios proveerá. Evinayong y Mbe se nos han inoculado en nuestras venas. Somos más felices.
Gracias Señor por haber propiciado nuestra participación en esta experiencia compartida de vida.
Gracias por habernos elegido para amar.
Chicos, chicas, Gonzalo, Tirso, Celia, Inés, Cristina, Tania, Natalia, Marisol y Ana Rosa, somos una familia, una familia Concepcionista. Esto que hemos compartido es parte de nuestra vida. Todo un honor y un orgullo personal para los que lo hemos vivido.
!Hasta pronto Evinayong!
Ahora toca dar testimonio de todo lo vivido y si Dios quiere, recolectar buenos frutos de lo sembrado.
¡Que así sea!

 

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