Nuestro día ha empezado como siempre: con el sonido de la alarma, desayuno y rezos. Aunque hoy la eucaristía online nos ha sorprendido con un aniversario militar en homenaje a la batalla de Bocayá, ha sido muy curioso. Ninguno de los misioneros nos esperábamos algo parecido: militares en misa, el cura dando la paz a todos y un montón de cosas más que nos hacen recordar lo diferente que es este país.
Cada día tenemos más claro que no hay mejor momento que la entrada al colegio: abrazos, sonrisas e ilusión caracterizan el comienzo de las clases, que poco a poco hemos ido dominando. Ya conocemos mejor a los niños y se van notando los cambios, aprendizajes y lecciones, lo que nos hace muy felices al ver que nuestra estancia está cobrando sentido.
Los juegos siguen emocionando y gustando como siempre, aunque nos cueste sacar ideas para superarnos cada día. En general, es el momento favorito de los pequeños.
A las 16:00 de la tarde, Las Piñas nos esperaba. Nos llama mucho la atención los niños de esta comunidad: es muy fácil poder compartir y hablar con ellos debido a que son muy pocos y muestran un buen comportamiento ante cualquier actividad. Todo les gusta, aunque se puede destacar que explotar pompas es el número uno de la mayoría.
Al llegar a casa, el tiempo nos sorprendió como siempre: en menos de una hora pasamos de un sol radiante y caluroso a una tormenta que nos dejó sin luz durante gran parte del rezo de las vísperas.
Esto no afectó a nuestro poder disfrutar de una rica tortilla preparada por Madre María para cenar.
Despedimos el día organizando la gymkana de mañana y compartiendo momentos del día de hoy.










