Bueno, pues hoy ha llegado el momento de poner el punto final a esta aventura. Parece mentira, ¿verdad? Parece que fue ayer cuando aterrizábamos en Camerún y todos los niños nos recibían con una sonrisa enorme. Y, sin embargo, hoy nos toca despedirnos.
Como no podía ser de otra manera, el día comenzó de una forma muy especial. Fuimos a la capilla de la comunidad para rezar los laudes, un momento de calma para despertar el cuerpo, encontrarnos con Dios y dar gracias por todo lo vivido durante este mes.
Después desayunábamos y, por primera vez en muchos días, no empezaban las clases. Hoy teníamos preparada una sorpresa para los niños, una gymkana llena de juegos y diversión. Cada voluntario se encargó de una prueba distinta: Luna organizó las carreras de sacos, Ismael el transporte intrépido de agua, Ana preparó una carrera de obstáculos, Cristina el reto de llevar pelotas de ping-pong sobre una cuchara y Rodrigo se encargó del ya famoso juego del burro, en el que había que colocarle la nariz a Mickey Mouse con los ojos vendados.
Fue una mañana llena de risas, carreras y buenos momentos, en la que los niños descubrieron que el colegio también puede ser un lugar para jugar, compartir y disfrutar.
Después del recreo nos dividimos en dos grupos. Durante media hora unos practicaban deporte, jugando al fútbol y al baloncesto, mientras los demás bailaban. Después intercambiaban las actividades para que todos pudieran disfrutar de ambas.
Y llegó el momento que nadie quería que llegara: la despedida. Aprovechamos para intercambiar pequeños regalos con los niños, hacernos fotos con ellos, con los profesores y con todas las personas que nos han acompañado durante este mes. Y, cómo no, tampoco podía faltar la gran foto de familia que siempre nos recordará esta experiencia.
Tras la comida llegó un rato de descanso, aunque para muchos significó empezar a hacer las maletas. No era solo guardar ropa. Tocaba recoger todos esos pequeños tesoros que nos llevamos de vuelta: los dibujos que nos regalaron los niños, las pulseras, los collares, los recuerdos comprados durante el viaje… y, sobre todo, un corazón lleno de experiencias imposibles de meter en una maleta. Se hace extraño despedirse de un lugar que, durante un mes, ha sido nuestro hogar, pero también sabemos que en España hay muchas personas esperando nuestro regreso.
A las seis de la tarde celebramos una última eucaristía junto al padre Freddy, que durante toda esta aventura nos ha acompañado, nos ha acercado la fe desde una perspectiva diferente y ha hecho posible que pudiéramos celebrar la misa en español. Fue una celebración muy especial, llena de agradecimiento, emoción y despedidas.
Después de cenar recogimos definitivamente nuestras maletas y llegó el momento de decir adiós. No éramos los únicos que emprendíamos un nuevo camino. La hermana Jael también partía hacia el Congo para comenzar una nueva misión. Entre abrazos, sonrisas y alguna que otra lágrima, nos despedimos de todos.
Cogimos los taxis rumbo al aeropuerto, facturamos las maletas y, tras unas cuantas horas de espera, a la una de la madrugada despegábamos rumbo a casa. Si todo va bien, llegaremos a España el martes a las cinco y media de la tarde.
Antes de terminar queremos dar las gracias a todas las personas que han hecho posible esta experiencia. A las hermanas Jael y Felicité, por acogernos en la comunidad como si fuéramos uno más. A la Madre Carmen, por ayudarnos a superar la barrera del idioma y enseñarnos mucho más sobre la cultura camerunesa. A todos los profesores, por transmitirnos cada día la pasión con la que viven su profesión. Evariste, por enseñarnos el verdadero Camerún y acompañarnos en cada aventura. Y, sobre todo, a los niños, porque sin ellos este viaje nunca habría significado tanto.
Nos vamos con el corazón lleno de recuerdos, de aprendizajes, de nombres, de sonrisas y de momentos que nunca olvidaremos. Ojalá estos vídeos hayan servido para acercaros, aunque solo sea un poquito, a todo lo que hemos vivido durante este mes. Gracias por acompañarnos desde el otro lado de la pantalla y por formar parte, de alguna manera, de esta aventura.
Solo nos queda dar gracias a Dios por habernos regalado una experiencia que nos cambiará para siempre.
Y ahora sí… esto ha sido todo.
Os queremos mucho.
Deseadnos buen viaje. ❤️
