Hoy, como es domingo, hemos tenido más tiempo para escuchar desde la cama cantos de gallo, gallos en cantos y ladridos varios. ¡Qué bien sienta poder levantarse un poquito más tarde! En el desayuno, dado que las Hermanas Arlette y Esperanza (Nsimba) nos van introduciendo en la gastronomía africana, hemos querido que probasen algo «typical Spanish» y Gonzalo ha hecho su bocadillo de aceite con Cola-Cao. Typical, typical…
La misa de los niños ya es misión de los voluntarios, así que nos hemos encargado de preparar los cantos y todo el acompañamiento multimedia. Hace falta poquito más para animar la eucaristía teniendo un coro de niños que cantan con alma, vida y corazón y tocan con un ritmo innato.
Después de la misa, nos preparamos para la aventura del día: ¡ruta a la cascada! Bien pertrechados para caminar por la selva, salimos en busca de nuestros guías principales: Mario (Papá pato) y Laura. También nos acompañan otros niños y jóvenes que no querían perder la oportunidad de estar con los voluntarios y darse un chapuzón.
A la cascada se accede desde el camino que lleva a Mbé Bosque, así que un poquito del camino ya conocíamos, pero… ¡ay, amigos!, encontrar la senda por la que llegar a la cascada ya era otra cosa. El primer intento ha sido «nivel Indiana Jones», con pies hundidos en el barro incluidos. Las ganas de llegar a la cascada hicieron que nos desviásemos demasiado pronto. Regresamos al camino, y ¡adelante, siempre adelante! Después de la sudada que nos habíamos dado en el trecho de «arenas movedizas», ya había que encontrar la cascada sí o sí. Un par de «por aquí sí, por aquí no» después, parece que nuestros guías secundarios reconocen la entrada y alguno hasta dice que puede escuchar el agua. Wishful thinking a tope! Este camino, gracias a Dios, ya era más «nivel Dora exploradora», con su tronco en mitad del río para darle un poco de emoción, pero poquito más. Hasta cruzamos por algún «huerto» de los que tienen las mujeres en mitad de la selva. Y, por fin, llegamos a la cascada. Ejemplo claro de que el que la sigue, la consigue. La mayoría aprovechó para darse un chapuzón, pero como el agua no estaba climatizada, luego había tiritonas. Sin embargo, a todos les mereció la pena. El regreso ya fue pan comido, disfrutando de la exuberante vegetación y del canto de los pájaros.
Y hablando de pan comido, esa fue nuestra comida, porque les dimos el día libre a nuestras super cocineras, y nosotros, a base de bocadillos al llegar a casa.
La tarde fue de lo más tranquila y variopinta. Hubo sesión de trenzas, visita de antiguo alumno, preparación de clases, lavadoras varias, salida de compras infructuosa, evento milagroso porque Natalia pudo conducir el coche, ya que Ana Rosa se ablandó con el agua de la cascada, y, algunOS, ¡siesta de 3 horas! Aquí preocupados por el mosquito anopheles y resulta que la que pica es la tsé-tsé…
Terminamos el día con un tiempo de adoración, para poder dar gracias a Dios por el camino que vamos haciendo. Nuestro hermoso camino verde de Guinea.
















