Ultimo sábado pasado en esta nuestra casa de Consuelo, que nos ha dado cobijo durante todo el tiempo de este bonito proyecto. Hemos empezado el día media hora más tarde. Nos hemos regalado media hora más de descanso. Estos dos últimos días han sido especiales y nos han dejado un poco cansados y tristes, no por el trabajo realizado, sino por las emociones vividas; cada despedida es un trocito de corazón que se queda; es una experiencia triste por la partida y a la vez gozosa porque descubres todo el cariño, toda la generosidad, de todas estas personas que hace un mes eran desconocidas para nosotros.

El primer encuentro del día fue en la capilla con Jesús, Él nos regaló su palabra en que nos decía: “Pedid al dueño de la mies envíe operarios a su mies”…; nos hemos sentido interpelados y con la canción “Alma misionera” le hemos respondido poniendo nuestra vida en sus manos para lo que Él quiera. ¿Quizás volver a estas tierras dominicanas?… Lo dejamos en manos de la Divina Providencia. 

Hemos continuado la mañana haciendo limpieza, empezando a recoger los medicamentos y terminando de actualizar la lista de los becados. 

Después de la comida nos fuimos a conocer la “Cueva de las Maravillas”, verdaderamente el nombre lo dice todo. Al pasar y ver las distintas figuras de estalactitas, estalagmitas y dólmenes, nos hacía exclamar en el interior de nuestros corazones : ¡Que magnificas son tus obras, Oh Señor! . Estas cuevas tienen una superficie de 827m de largo y otros tantos de ancho. Solo se puede ver un 30% de las mismas, el resto no se ha retocado para conservar la biodiversidad. Al salir de la visita pudimos ver cantidad de iguanas que se crían en ese lugar. 

Una vez terminada la visita fuimos a San Pedro de Macoris para continuar descubriendo bonitos paisajes, hemos paseado por el malecón contemplando la  inmensidad del mar… al volver a casa nos esperaba una agradable sorpresa: los domplines y arenque con salsa, que Sujey, gerente de la tienda Zaglul, nos había enviado para cenar. De postre rosquillas caseras.  

No queremos terminar este blog sin dar las gracias a M. Dolores y M. Dominga que se han desvivido por nosotros durante todo este tiempo; nos hemos sentido en nuestra casa, ¡Nos han mimado con tantos y tantos detalles!… En cada comida y cena nos han deleitado con sus guisos, todos ellos de estas tierras, así poco a poco hemos ido conociendo los nombres de esas deliciosas comidas: mangú, tostones… 

Terminamos el día unos haciendo mermelada de mangos y otros jugando a las estrellas chinas.