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Quiero ser un vaso nuevo

01 de agosto de 2019

Comenzamos la mañana con nuestra habitual rutina, la oración de la mañana. Hoy nos toca el aire, de la laudato si del Papa. Aire, el aire que Dios nos insufló para darnos vida, el aire que debemos cuidar para mantener puro. El aire que estos días nos ha traído tantas lluvias que nos han impedido realizar algunas de nuestras actividades del día a día. Pedimos especialmente para que esta tarde el tiempo nos de una tregua y podamos ir a despedirnos de nuestros chicos del Batey.

Mañana de clase con nervios de penúltimo día, se nota durante toda la semana que es la recta final, que todos queremos exprimir cada momento al máximo, más si cabe con el parón del martes para repartir el material escolar de las Becas de la campaña Dales una Oportunidad.

Al finalizar la mañana, con un herido de última hora al cortarse con la cuchilla de un sacapuntas, ese nerviosismo iba en aumento, no había llovido, pero estaba muy oscuro sobre todo por la zona norte, en los bateyes. Pedimos multitud de veces por este ratito, ya que es la última tarde que nos regalarán los chicos del batey. No hay noticias del tío Julio, también nuestro hombre del tiempo, por lo que comenzamos a prepararnos y nos ponemos en marcha.

Ha sido una tarde muy especial, ha coincidido la entrega de la dulce merienda por parte de Sujey, gerente del Zaglul de Consuelo, con la amarga despedida. Una vez más sentimientos encontrados: caras de felicidad e ilusión, tanto a nuestra llegada, como al recibir el material escolar que les habíamos preparado como pequeño detalle de despedida; que se mezclan con lágrimas de despedida y esperanza de volver a vernos.

Llevamos un mes con ellos y aún nos llama la atención su generosidad, a pesar de no tener nada, te dan todo desinteresadamente. Todas las tardes Doña Pura se ha encargado de que tomemos un exquisito café; muchos días los alumnos nos llevaban algún regalo: mangos, aguacates, caña de azúcar, limones, arepas, yaniqueque, nos deleitan con sus mejores productos, se nota que están muy agradecidos y el aprecio que nos tienen. Esperamos haber estado a la altura y haber podido dar gratis lo que gratis recibimos, intercambiando estas deliciosas frutas por valores, cariño, y algunos conocimientos de matemáticas, lengua española…

Duele pensar que nosotros volveremos a nuestra rutina y que la situación de estos chicos poco va a cambiar. La situación física en el batey es muy complicada, hemos sido aun mas conscientes estos días de vaguada en los que ha llovido tanto. El batey son casas que a duras penas se mantienen pie, donde no hay electricidad ni agua corriente. En mitad del campo, de los cultivos de esa deliciosa caña de azúcar, donde ayer casi no podemos pasar con el coche, donde estaba prácticamente todo inundado.

Pero más duro aún es el futuro de estos chicos, lo que hace aún más valioso cada nuevo conocimiento adquirido. Ellos son plenamente conscientes de ello, como hemos podido comprobar hoy, cuando algunos niños, al darse cuenta que era un día de fiesta nos preguntaban: ¿Profe, hoy no vamos a aprender nada? Otro ejemplo, en este caso mucho más doloroso para nosotros, es cuando una de las alumnas del año pasado, de unos 16-17 años y con un bebé, Bella, de tan solo 3 meses, nos pide que nos llevemos a su hija con nosotros de regreso a España. Se nos cae el alma a los pies, y alguna que otra lágrima, también.

Parar, pensar, silencio, escucharnos… en definitiva, necesitamos que pasen unos días, o semanas, para poner en orden tantas vivencias, experiencias y sentimientos, para poder valorar de una forma objetiva lo que ha supuesto para cada uno de nosotros el Proyecto Misionero que la Fundación Siempre Adelante nos ha permitido vivir. Una experiencia de vida, que sin lugar a dudas, va a cambiar nuestra forma de ver nuestro día a día, repletos de problemas del primer mundo.

En la oración de esta mañana, la canción que hemos escuchado decía:

Sopla señor en mi vida y quítame esta tristeza

Llámame a servir y moldéame.

Hemos venido a vivir esta experiencia, este Proyecto Misionero, en esta ocasión y no en otra, con este grupo de personas y no con otras, en este momento y no en otro, cuando por algún motivo, que desconocemos, estamos aquí, Tú nos has llamado a estar aquí y, a través de todo lo que hemos visto, vivido y sentido, nos has moldeado para hacernos nuevos vasos. Confiamos también en que esta tristeza que va cubriendo nuestros corazones estos días, por vivir el final de este proyecto, desaparezca y solo brille la luz que se refleja en las miradas y sonrisas de estos chicos.

Mañana, despedida en la Escuela Antonio Paredes Mena, aparentemente, un día soleado, pero en el que el suelo también se mojará, no de lluvia, sino por el gozo de haber conocido y aprendido tanto de estos chicos, y de la siempre triste despedida.

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