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Sembrando la buena semilla

Buenas mañanas, como de costumbre. Se va acercando el final pero seguimos teniendo la cabeza y el corazón donde debe, en nuestra misión. Pensar que en una semana estaremos cada uno camino a nuestras casas después de un mes de emociones, aventuras, aprendizaje y experiencias, nos hace querer aprovechar más el tiempo y mirar el camino que nos queda, no con pena, sino con la ilusión y energía que se merecen. Las “últimas veces” no tienen por qué ser malas, siempre podemos sacar algo de ellas, algo bueno.

El camino se va haciendo notar. Las horas de pintura, las horas de juegos con los niños, las clases y los unos y otros quehaceres que tenemos cada uno como responsabilidad cada día van pasándonos factura… Pero ¡adelante, siempre adelante, que aún nos queda mucho que ofrecer!

La mañana no ha sido muy diferente de las demás. Los niños se están preparando porque el jueves tendrán sus exámenes finales del curso de verano, donde deberán poner todo su empeño y esfuerzo, para poder demostrar que durante este mes, no sólo se han divertido, sino que la semilla que vamos cultivando día a día los maestros, va dando su fruto poco a poco. En los recreos ya empezamos a escuchar algún que otro “no te vayas, hermana” “llévame a España” o “les voy a echar mucho de menos”. Nuestro corazón se encoge y no sólo de tristeza, sino de felicidad. Realmente estamos dejando huella en algún que otro pedacito de cielo Africano.

Al estar en la recta final, el tiempo hay que aprovecharlo mucho; por eso, si las tardes ya eran completas, ahora lo son más. No hay tiempo que perder y queda mucho por hacer.

Esta tarde nos ha tocado dividirnos por grupos e ir cada uno a visitar a los enfermos. Cada grupo ha ido a un barrio diferente. Hay que admitir que las visitas son una de las cosas más duras que hacemos, puesto que no son todo risas, balones y juegos; son personas (las cuales ya hemos introducido en algún que otro post) que realmente nos necesitan, personas que viven en unas condiciones, que ni estando aquí nosotros viéndolo, somos capaces de ser conscientes de verdad. Pero, como siempre decimos, de todo se saca algo bueno, porque en estas casas y en estas personas es cuando más se nota presencia de Dios. La alegría. La ilusión.

El equipo de Daniel, Almudena, Magdalena, Martina y Lucía regresó antes que el otro de repartir las bolsas de comida, así que aprovecharon para terminar algún que otro dibujo del patio que se había quedado sin terminar. ¡Al fin podemos decir que sólo nos queda el patio del instituto por pintar! Quién nos lo diría la semana pasada!

Tras nuestro ratito de oración, disfrutamos de una cena entretenida compartiendo cada una de nuestra vivencias de por la tarde y entre medias, alguna que otra broma… ¿verdad, Andrea?

El menú de la noche ha sido sopa (un esencial de cada noche), “empanada Africana” y la famosa tortilla, de la cual no hemos descifrado aún los ingredientes que tiene y dudo que lo consigamos. Gracias nuevamente a nuestras cocineras Martina y Patricia. ¡¡Qué vamos a hacer sin vosotras, madre mía!!

Una vez más podemos sentirnos satisfechos del trabajo realizado en el día de hoy, y más que preparados para seguir con la semana. Cuenta atrás. ¡Evinayong, cuánto vamos a echarte de menos!

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