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Sonreír siempre

28 de julio de 2026

¡Llegó el día de los exámenes! Tres semanas de preparación intensiva para ayudar a los alumnos a recuperar sus asignaturas suspensas. Pero antes de que llegara la hora de la verdad, llegó la hora de levantarse y, con ella, la primera sorpresa del día: no tenemos agua. Los más madrugadores tuvimos la suerte de poder experimentar lo que con tanta frecuencia hemos visto en nuestras visitas a los barrios: niños bañándose en las fuentes con un cubito para echarse el agua. Aquí, con barreño y un botellín de agua pudimos hacer una estupenda experiencia de aseo inculturado. Lástima que el agua volvió al cabo de un tiempo y hubo quienes no tuvieron más remedio que ducharse de forma rutinaria. Pobrecillos…

Hoy, tanto al colegio como al instituto, venían sólo los alumnos del Carmen con asignaturas pendientes. Colocación de pupitres, comprobación de lista, reparto de material, instrucciones… y a echarle ganas y paciencia. No sabemos cómo serán los resultados, pero sí que nos vamos con la conciencia muy tranquila de haber dado todo lo mejor de nuestra parte. Si eso se traduce en aprobados, mejor que mejor. Si no se consigue, por lo menos todos hemos disfrutado juntos estas tres semanas intensas de curso de verano.

Después de los exámenes y de la comida, la tarde era de libre elección: Fran se ha ido de expedición, el frente de juventudes se ha quedado corrigiendo y las hermanas (Bárbara y Marisol ya están incluidas en el término) han ido a repartir alimento material y espiritual a varias abuelas. Esos momentos de compartir sencillo son una enorme bendición: reírnos con la abuela Julia que sigue esperando a su novio Miguel para la boda del 15 de agosto, ver sonreír a Larisa y Cosita, unirnos a los rezos en fang de la abuela Vicenta, ver cómo la abuela Rosa nos seguía despidiendo desde la puerta… La bendición de poder acercar a Jesús a sus preferidos y de acercarse a Jesús en sus preferidos. Y hacerlo de sol a sol, literal, porque aquí cae la noche y seguimos en modo entrega.

La guinda la hemos puesto en casa de Bibiana, con esa fe profunda que tiene y esos 7 nietos que son a cada cuál más bueno. Hna. Ana Rosa les había prometido llevar la guitarra antes de irse y ha sido graciosísimo verles salir de casa gritando: “Viene el pianoooooo!!!!” Hoy hemos acompañado los rezos de Bibiana con cantos de guitarra a varias manos. Un repertorio de lo más variado en el que se ha colado hasta el burrito sabanero.

Al visitar cada casa, también teníamos que ir despidiéndonos, porque hoy ha sido nuestro penúltimo día en Evinayong, pero con la promesa de regresar en alguna ocasión. ¡Dios proveerá!

¡Y llegó la última cena! Y hablando de cenas, ¡qué poco hemos hablado de lo estupendísimamente bien que hemos comido aquí! Hna. Wivine y Marta nos han cuidado de maravilla, y esta noche hemos querido reconocérselo con un pequeño pero significativo regalo. Al final, las palabras de agradecimiento han ido en todas las direcciones. Estas semanas en Evinayong han sido de siembra y también de recoger fruto, porque estos voluntarios “sembradores” lo han dado todo y lo han hecho fieles al mensaje de M. Carmen en esas camisetas verdes: sonriendo siempre.

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