La entrada del blog de este día iba a ser sencilla, ya que nuestros días ya tienen sus rutinas: arepas, misa, clases, juegos, visita a las comunidades, duchas, rosario y cena.
Sin embargo, dos grandes acontecimientos han ocurrido a lo largo del día que han roto nuestra vida cotidiana aquí. El primero, climatológico: el gran diluvio (sí, otra vez, porque estamos en época de lluvias). Ha llegado a Morichalito cuando acabábamos de llegar a la comunidad Las Lajitas, donde hay apenas una carpa de 10 metros cuadrados que se utiliza como lugar de culto (aunque con el viento que hacía, de poco nos servía). No hemos dejado que la tormenta nos detuviera y hemos acabado cantando a pleno pulmón para que los niños pudieran escuchar el “Jesús está en ti” y otras mil canciones para grandes y pequeños (con alguna que otra palabra en español de España que, sin saberlo, no suena tan bien en estas tierras). Y pese a que a la hora del mañoco -la merienda- ha tenido que ser adelantada y no hemos podido apenas jugar, la sonrisa de los niños, e incluso los adultos, se ha mantenido intacta por el simple hecho de nuestra visita.
El segundo y más importante acontecimiento, ha sido nuestra visita a la familia Castro en Pijiguaos ¡ha sido genial! Al llegar las grandísimas cocineras Luisa y Neida estaban ya preparando las cachapas y muy amablemente han enseñado a los misioneros a hacerlas. Estos han hecho una especie de concurso con resultado final: Alma ganó la cachapa con forma más original, Mateo la más redonda y la más bonita para Olalla. Así todos contentos. Héctor nos ha animado en nuestro aprendizaje culinario y nos ha enseñado los mejores pasos de baile. Todas las palabras se quedan cortas para agradecer el acogida, generosidad y cariño recibido de esta familia. Gracias Yunny, Amelia, Julio … por abrirnos las puertas de vuestra casa.
Para terminar el día, la vuelta en la pick up ha sido, cuanto menos, épica y se ha vuelto a convertir en el escenario de un conciertazo de Melendi a la voz de los misioneros bajo la luz de las estrellas.
La resaca emocional se va juntando con días increíbles y nosotros cada vez estamos más felices en esta pequeña gran familia que hemos formado.







