Hoy ha sido un día especial. De esos que mezclan un poco de nostalgia con mucha ilusión. Oficialmente ha sido nuestro último día de clases, aunque sabemos que el lunes los niños volverán al colegio porque todavía les tenemos preparada una sorpresa que estamos seguros de que no olvidarán.
Como cada mañana, comenzamos el día con la Eucaristía. Después del desayuno, y con las fuerzas renovadas, llegó el momento de entrar en las aulas y disfrutar de una última jornada con nuestros alumnos.
En la clase de informática, Ismael quiso preparar algo diferente para despedir estas semanas de aprendizaje. Después de haber trabajado durante estos días diferentes herramientas digitales, llegó el momento de dar un paso más y acercar a los alumnos a una nueva realidad: la inteligencia artificial.
Para ello, les presentó ChatGPT, explicándoles cómo esta herramienta puede ayudar a aprender, crear y desarrollar nuevas ideas. Pero lo que no esperaban era la sorpresa que Ismael tenía preparada para ellos.
Utilizando esta herramienta, creó una canción personalizada con los nombres y las historias de sus alumnos. Cuando la escucharon juntos en clase, las caras de sorpresa y emoción lo dijeron todo. Lo que comenzó como una actividad de informática terminó convirtiéndose en uno de esos momentos que quedan grabados en la memoria. Ver cómo cada alumno se reconocía en la canción, cómo sonreían y cómo se sentían protagonistas fue, sin duda, uno de los momentos más especiales de estas semanas.
Después llegó el turno del español. Para cerrar las clases organizamos una competición por equipos repasando todo lo aprendido durante estas semanas: saludos, números, vocabulario y expresiones que han ido incorporando poco a poco. Y si algo hemos descubierto es que nuestros alumnos tienen un enorme espíritu competitivo… ¡son auténticos rivales!
La competición estuvo llena de risas, nervios, respuestas rápidas y mucha emoción. Cada equipo quería conseguir la victoria, pero al final todos ganaron algo mucho más importante: comprobar todo lo que habían aprendido en este tiempo. Terminamos con la entrega de diplomas como reconocimiento al esfuerzo, la participación y las ganas de seguir aprendiendo.
Mientras tanto, el resto de talleres continuaban llenando el colegio de color y alegría. Cristina siguió con su taller de baile, donde la música siempre consigue sacar una sonrisa; Luna convirtió el suelo del patio en un auténtico lienzo con sus pinturas de tiza; Rodrigo puso a todos en movimiento con sus actividades deportivas; y Ana continuó creando pulseras y collares llenos de creatividad.
Después de comer cambiamos las aulas por el patio. Tocaba terminar una tarea que llevábamos varios días preparando: acabar de pintar los columpios para devolverles todo su color y alegría.
Y, como siempre ocurre en Camerún, nunca faltan manos dispuestas a ayudar. Hoy tuvimos dos colaboradores de lujo: Josef y Kisito. Se pusieron manos a la obra con los pinceles y demostraron que no eran simples ayudantes… ¡pintaban como auténticos profesionales! Su ilusión y sus ganas fueron una ayuda enorme para terminar el trabajo.
Cuando el día llegaba a su fin, volvimos a reunirnos para el rezo de vísperas, un momento para agradecer todo lo vivido y poner en manos de Dios todo lo que todavía nos queda por compartir.
Después de la cena llegó nuestra puesta en común diaria. Compartimos cómo ha ido la jornada y comenzamos a organizar la programación de los próximos días. Aunque las clases hayan terminado, la aventura en Camerún continúa.
Hoy hemos cerrado los libros del aula, pero no hemos cerrado la aventura. Porque después de todo lo vivido, sabemos que las mejores lecciones no siempre aparecen escritas en una pizarra.
