Hay lunes que cuestan. Y luego están los lunes como el de hoy, que empiezan con una sonrisa antes incluso de salir de casa.
Todavía llevábamos en el corazón la alegría de la noche anterior, celebrando que España volvía a hacer historia en el fútbol. La emoción nos acompañó desde primera hora y, para nuestra sorpresa, también había llegado al colegio. Nada más entrar, los niños nos recibieron con un sonoro «¡Viva España!» que nos dejó completamente descolocados… y emocionados. ¿Quién nos iba a decir que, a miles de kilómetros de casa, íbamos a escuchar ese grito con tanto cariño?
La celebración se coló también en las aulas. Sacamos banderas, entonamos algún que otro cántico y compartimos con los niños la alegría de un deporte que, al final, también une personas y culturas. Durante un buen rato, el «¡Viva España!» resonó por todo el colegio, mezclándose con las risas y la ilusión de pequeños y mayores.
La tarde tuvo un tono diferente. Si la mañana fue de celebración, las horas siguientes nos recordaron que el tiempo pasa deprisa. Empezamos a organizar esta última semana de voluntariado y, casi sin darnos cuenta, comenzamos también a preparar la despedida del próximo lunes. Cuesta creer que ya estemos pensando en decir adiós cuando todavía sentimos que nos queda tanto por vivir y compartir. Queremos que esa fiesta final sea, sobre todo, un inmenso «gracias» a todos los que nos han abierto las puertas de su corazón.
La jornada continuó con un momento muy especial: la celebración de la Eucaristía junto al padre Fredi y Óscar, seguida de una cena compartida. Como cada día, la mesa volvió a convertirse en un lugar de encuentro, de conversación y de gratitud por todo lo que estamos viviendo.
Y cuando pensábamos que el día ya estaba completo, llegó la última sorpresa. Las hermanas de la comunidad nos regalaron unas preciosas camisetas de estilo africano. Un detalle lleno de cariño que recibimos con enorme ilusión y que nos permitirá llevar un pedacito de Camerún con nosotros, no solo en el corazón, sino también en nuestra forma de vestir.
Cada día aquí sigue regalándonos algo distinto. A veces son grandes acontecimientos; otras, pequeños detalles que casi pasan desapercibidos. Pero en todos ellos seguimos descubriendo, que en una celebración compartida, en el cariño de una comunidad, en la alegría de unos niños y en esos regalos inesperados, son los que hacen que un lugar lejano empiece a sentirse un poquito como hogar.
