Os escribimos desde el avión. Sí, el proyecto ya ha llegado a su fin. No obstante, antes de despedidas os contamos nuestro día en este maravilloso país.
Otra vez el día empezaba bien temprano, a las 5.30 para ser exactos, para acompañar a las hermanas en la oración de la mañana.

Después de disfrutar de un rico desayuno, cada uno de los 16 que estamos en la comunidad se ha puesto manos a la obra con sus quehaceres: algunas hermanas van a la universidad, otras se encargan de los niños del kindergarten, el grupo de voluntarios agustinos se han dedicado a terminar los murales y nosotros hemos hecho fotos a los niños para terminar nuestra labor.


Así que una vez ya con el trabajo hecho, tocaba hacer las últimas compras y empezar a recoger. Lo que viene a continuación seguro que os lo imagináis:  despedida en la casa de Quezon (con un detallito de las sisters incluido), aeropuerto y dos aviones por coger. 


Ahora solo falta despedirnos de nosotros mismos y qué decir … ha sido un placer conoceros, compartir y vivir esta experiencia juntos. No se puede explicar con palabras y es que lo que hemos vivido en Bacolod ahi se va a quedar, para siempre. 

Es curioso, hace un mes, cuando todo esto empezaba, nos invadía el mismo sentimiento que ahora: el miedo. Miedo a no estar a la altura, miedo por las condiciones que nos encontraríamos, miedo por no saber si íbamos a aguantarlo tanto tiempo, miedo a no encajar en el grupo…….

Hoy también tenemos miedo, pero es bien distinto. El miedo de hoy es a separarnos; un mes de convivencia y compartiendo todas las maravillosas experiencias que hemos vivido en Filipinas nos ha llevado a ser una familia.

También es miedo a no saber vivir con el vacío que tenemos todos al irnos, y es que una parte de nuestros corazones se ha quedado en Filipinas, dentro de la sonrisa de cada niño con el que hemos estado.

Este tiempo aquí nos ha valido para darnos cuenta de que gran parte de las cosas que hacíamos en nuestro día a día y la mayoría de los problemas que teníamos antes de llegar a Bacólod, no tienen ninguna importancia y carecen de significado. Nos hemos dado cuenta de una de las cosas más importantes en esta vida y, que normalmente descuidamos mucho: dar lo mejor de nosotros para dejar huella en la gente que nos rodea. Gran parte del miedo que tenemos ahora, es olvidar esta lección o no saber aplicarla de aquí en adelante. Sin embargo, mientras escribo estas líneas, me doy cuenta de que eso no va a pasar nunca porque nos tenemos los unos a lo otros y creo que pase lo que pase, todas estas lecciones y todo lo que hemos vivido quedará en nuestras memorias y corazones.

Y ahora me dirijo a ti, si tú el que está leyendo esto. No tengas miedo, atrévete y déjate llevar, experimenta la sensación de ayudar a los demás con sólo tu presencia y una sonrisa. Esta experiencia te cambia la vida a ti y también a casi 600 niños. Merece la pena.

Creo que la mejor manera de poner punto y seguido a este proyecto -no pongo punto y final porque esto no acaba aquí y estará vivo el resto de nuestras vidas- es dando las gracias. Gracias a todos lo niños, profesores, sisters, a nuestras familias y a la ONG por cambiarnos la vida. Esta lección jamás la olvidaremos y trataremos de aplicarla en nuestro día a día para hacer de este mundo un lugar mejor. Gracias.