Domingo, suena el despertador y pienso en un nuevo día en Evinayong. Desde la habitación oigo los pasos por la casa: ya bajan a desayunar. Es el momento en el que organizamos el día que tenemos por delante. Mientras desayunamos también conversamos: hay quien tiene pesadillas gracias al Malarone, otros tienen molestias y contracturas de nuestro viaje a Bata, poca broma dos horas de viaje detrás con la compra encima es todo un reto ja ja ja. De pronto, Ana Rosa sale volando hacia el instituto para coger la guitarra y vuelve con una carta que estaba pegada en la verja. Para quién será…. risas en la mesa y sorpresa: es una carta para Christian. Un niño de su clase le pide que hable con su papá y mamá para poder irse a España con Él. Es un momento muy emotivo y tierno, aunque somos conscientes de que eso no se puede cumplir, ojalá tuviéramos una varita mágica. Nos vamos a la misa de 9:00: cánticos, la energía de Madre Ana Rosa con la guitarra y los niños tocando otros instrumentos nos envuelven. De regreso, cambio rápido de ropa para hacer la excursión al bosque ecuatorial. Nos encontramos con alumnos del instituto que nos van a guiar hasta la famosa cascada. Nos enumeramos y empezamos a adentrarnos en un bosque espeso que nos recibe con un verde infinito y con sus hormigas, mosquitos … Bárbara, previsora, lleva un silbato al cuello para pitar por si hace falta y que nadie se pierda, Jesús Mario abre camino con su machete y un altavoz con música rap que nos anima el camino. Un momento de crisis debido a las hormigas carnívoras, se oye una voz: «yo me vuelvo sola, que sé el camino”. Por un segundo hay dudas, pero queda poco y todos seguimos adelante y …. ahí está la recompensa. La famosa cascada nos animan a mojar los pies, Andrea y Esperanza, las más rápidas, y otros, los más valientes, se sumergen completamente bajo la cortina de agua, chapoteo y risas. Llega la hora de volver y Laura, nuestra guía de vuelta, nos sorprende con un atajo. ¡Prueba superada!
Después de comer toca descansar y preparar clases, mientras Ana Rosa y Marisol salen con la Hna. Wivine a los barrios de Tomasí y Evinagong grande a repartir la comunión a enfermos y comida. Al llegar a una de las casas, se encuentran a unas niñas jugando a comiditas con un vasito de yogurt, palos y una lata… aquí no hace falta nada más.
Vuelta a casa, queda poco para terminar el día, rezo de vísperas y a cenar. La estrella de esta noche es la morcilla de Burgos. Para reposar la cena, Madre Ana Rosa nos invita a ver un corto muy especial: “Binta y la gran idea”, sobrecogedor, merece la pena. Es tarde, hay que descansar y coger fuerzas para comenzar la semana.
Hasta la próxima, sed buenos y soñad con los angelitos 🥰🍀🥰🍀














