Un amanecer diferente empieza a las 5:30 de la mañana, cuando nos despertamos para terminar las maletas y dejar la casa preparada para decir adiós, con tristeza, a Morichalito: el pueblito que se ha quedado con una parte de nuestro corazón.
No sin antes hacer un Tetris con todas las maletas en el maletero de la pick-up, lo cual ha sido superado con éxito, ya que a Yajaira no se le resiste ABSOLUTAMENTE NADA.
Del camino no hay mucho que comentar, hemos seguido la misma carretera desde Morichalito; perderse es casi imposible. Pero, a diferencia de la ida, esta vez hemos parado en Santa Rosalía, un pueblo a unas 4 horas de Morichalito, donde nos esperaba Luis Miguel, el cura de la parroquia. Allí hemos aprovechado para confesarnos y disfrutar de una agradable eucaristía oficiada por él.
Al finalizar, la familia del padre nos había preparado un almuerzo para compartir todos juntos: yuca, ensalada de zanahoria, cochino, entre otros.
Seguidamente retomamos el viaje, el cual se nos complicó un poco debido a que el limpiaparabrisas se rompió de camino al engancharse con la rama de un árbol. Tiempo después, la tierra que teníamos en la gasolina, hizo que tuviéramos un pequeño parón, ya que la pick-up se quedaba sin fuerza en las subidas. Pero volvemos a repetir: nada que a Yajaira se le resista. Sin ella, nuestra estancia aquí no tendría sentido. ¡GRACIAS!
Nada más llegar, nos reencontramos con la hermana María después de varios días separados, y disfrutamos de la mejor cena que podríamos haber tenido: una sabrosa pizza que nos alegró la noche.
Con esto, el primer día de viaje finaliza. Mañana, más, pero no mejor.










