La decisión de «mañana no madrugamos, que hay que recuperar fuerzas» duró exactamente hasta las ocho de la mañana. A esa hora descubrimos que en este colegio el despertador no tiene botón para apagarlo: lo forman las voces de los niños y de los profesores, que han comenzado la jornada cantando con una alegría contagiosa. Entre la música, las risas y la luz entrando por la ventana, la misión de dormir un poco más quedó oficialmente cancelada.
Después del primer desayuno en Camerún (café, pan con mantequilla y mermelada, acompañado de un poco de fiambre) llegó uno de esos momentos que se quedan grabados para siempre.
Fuimos a conocer a los alumnos del colegio. O, mejor dicho, ellos nos conocieron a nosotros… porque nos tenían preparada una auténtica sorpresa de bienvenida. Cantaron para recibirnos y nos invitaron a participar en su danza de bienvenida. Nosotros aceptamos el reto con toda la ilusión del mundo. Si lo hicimos bien o mal… eso mejor se lo preguntáis a ellos.
Después recorrimos las instalaciones del colegio y fuimos conociendo mejor el proyecto educativo que desarrollan las hermanas. Durante la visita recibimos una noticia que nos llenó de alegría: todos los alumnos de sexto habían superado las pruebas oficiales. Un éxito que refleja el enorme esfuerzo de los estudiantes, de los profesores y de toda la comunidad educativa. Compartir esa alegría con ellos, nada más llegar, fue uno de esos regalos inesperados que hacen especial el primer día.
Y llegó la comida. Si alguien tenía dudas de cómo se come en Camerún, podemos confirmarlo desde ya: la madre Felicité y la madre Jaél cocinan de maravilla. No sabemos cuál es el ingrediente secreto, pero podemos asegurar que más de uno hemos repetido.
Con el estómago lleno, la tarde nos tenía reservada otra sorpresa. En el colegio se celebraba un campeonato de fútbol y, para que no nos perdiéramos detalle, nos prepararon un auténtico palco VIP. Desde allí disfrutamos de los partidos, del ambiente y de la pasión con la que los niños viven cada jugada. No hacía falta conocer a los equipos para terminar celebrando los goles como uno más.
Al finalizar la jornada nos reunimos todo el grupo de voluntarios para empezar a organizar el trabajo de las próximas semanas. Repartimos los cursos con los que trabajará cada uno, compartimos ideas para los talleres que realizaremos y comenzamos a diseñar la planificación de nuestra estancia en Camerún. Después de tantos meses preparando este viaje desde España, por fin todo empezaba a tomar forma.
Terminamos el día de la mejor manera posible: reuniéndonos para compartir un momento de oración y dar gracias por todo lo vivido. Dimos gracias por haber llegado bien, por la acogida tan cariñosa de las hermanas, por las sonrisas de los niños, por la ilusión con la que nos habían recibido y por la oportunidad de vivir esta experiencia.
Solo han pasado unas horas desde que llegamos, pero ya tenemos la sensación de que Camerún nos está enseñando algo importante: aquí las personas son capaces de hacerte sentir en casa desde el primer instante.
Y esto… no ha hecho más que empezar.
Un despertador diferente
08 de julio de 2026
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